Hay jarabes para la tos que pueden ser adictivos (El Periódico.08/01/2008)

Dirige el Observatori de Medicaments d’Abús, desde el que detectan qué fármacos se están tomando de forma exagerada en ambientes lúdicos.

ÀNGELS GALLARDO / El periódico
–¿Qué entienden por abusar de un medicamento de venta autorizada?
–Tomarlo en dosis excesivas y frecuencia exagerada, exclusivamente para potenciar sus efectos adversos y conseguir estados alterados de conciencia en un ambiente lúdico. Se trata de medicamentos que, en dosis terapéuticas, son seguros, pero tomados en exceso causan alucinaciones o una pérdida de percepción de la realidad que el usuario ve como positiva. Eso es lo que busca.

–Este fenómeno ¿se da en España?
–Aquí es una tendencia extendida y creciente, pero en EEUU es habitual. Allí, el uso lúdico de fármacos legales supera al consumo de drogas ilegales. También se extiende en el centro de Europa, en especial en Dinamarca, Holanda y Bélgica.

–Es decir, no estamos hablando del jubilado que almacena gelocatiles.
–No, no. La mayoría de consumidores son hombres de 25 a 45 años, que siguen las tendencias que marcan los canales especializados. El más importante es internet, que informa de sustancias desconocidas para la mayoría. También existe el usuario de ansiolíticos e inductores del sueño

–las benzodiacepinas
–, que empezó a tomarlos porque se los recetó un médico, y que acaba consumiéndolos en exceso por iniciativa propia. Más de un millón de españoles consumen esos medicamentos, con y sin consejo médico.

–Pero, un ansiolítico no se consigue en la farmacia sin receta.
–Existen mil formas de obtenerlos, y muchas de esas vías las facilita el propio sistema sanitario. Cualquiera puede hacerse una receta privada falsa

–no es así con las que financia el Seguro
–. Es necesario que se regule la receta médica privada, que solo exista un modelo, no falsificable.

–¿El grueso de los casos que detecta el Observatori son personas que se exceden con fármacos con los que estuvieron en tratamiento?
–No. La mayoría busca conscientemente el efecto estimulante o alucinógeno de unos medicamentos sobre los que se ha informado. O intenta contrarrestar a otras drogas ilegales. Las benzodiacepinas, por ejemplo, las suele tomar quien se ha pasado la noche esnifando cocaína y después llega a casa y pretende dormir. Son sustancias antagónicas.

–¿Quién informa al Observatori?
–Tenemos una red de farmacéuticos, médicos, psiquiatras, educadores sociales y consumidores que nos alertan cuando llegan nuevas sustancias al mercado negro. Nos explican en qué contexto se toman.

–¿Cómo detecta el farmacéutico que su cliente está abusando de un medicamento?
–Hemos elaborado una lista de 60 principios activos con los que se puede hacer un uso lúdico, y la enviamos a farmacéuticos y a médicos de familia, porque los sanitarios solo conocen la cara terapéutica de los fármacos. Explicamos qué efectos provocan si se toman de forma abusiva, e indicamos los elementos de sospecha: una receta falsa, la petición continuada de algo que sabes que no puede estar tomando en dosis terapéuticas, el comprador que no sabe explicar para qué quiere un fármaco. Es una detección difícil.

–Dice que el principal canal de venta es internet. ¿Es controlable?
–Diría que eso es casi imposible. Detrás de muchas farmacias virtuales no existe ningún farmacéutico, pero la gente ve en un medicamento legal un entorno seguro. En realidad, un 45% de los fármacos que se venden por internet son falsos.

–¿Cómo llega un fármaco autorizado por Sanidad al mercado negro?
–Los laboratorios clandestinos los captan y las mafias los llevan al mercado negro. Hay que tener en cuenta que las drogas ilegales, todas, proceden de la investigación farmacológica. No existe ninguna sustancia ilegal que no se diseñara para ser un medicamento autorizado, que se desechó porque sus riesgos superaban a los beneficios. Así pasó con el éxtasis, la heroína o la cocaína.

–¿De qué sustancias de venta en farmacia se hace peor uso?
–Tal vez, ahora, de la ketamina. Es un anestésico empleado en veterinaria, no en humanos. Los farmacéuticos saben que no deben dispensar fármacos que contengan ketamina.

–¿Qué provoca?
–En altas dosis, la ketamima tiene efectos disociativos. La persona percibe que el cuerpo se le separa de la mente, tiene experiencias extracorpóreas. En pocos días, ha de aumentar la dosis para conseguir el mismo efecto. Una de esas dosis puede ser mortal, por fallo cardiaco.

–¿Han lanzado nuevas alertas?
–Sí. Otra fue con el misoprostol, un protector gástrico que se toma en altas dosis con fines abortivos. Provoca abortos incompletos, muy graves.

–¿Se puede sufrir adicción a un fármacos sin ser consciente de ello?
–Sí. Ha ocurrido con los jarabes que se recetan para la tos seca. Contienen codeína, un derivado opiáceo que en dosis elevadas tiene efecto alucinógeno y puede ser adictivo

entrevistas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>